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    El pulso por la sucesión de Merkel polariza a los conservadores alemanes

    06 de diciembre de 2018

    Hamburgo (Alemania), 6 dic (EFE).- El pulso por la sucesión de la canciller alemana, Angela Merkel, al frente de la Unión Cristianodemócrata (CDU) ha polarizado a los conservadores germanos, acostumbrados a liderazgos fuertes y ahora divididos entre el continuismo y el giro derechista.

    Hoy la jornada previa al congreso federal de la CDU reflejó la división interna reinante, incluso a escala de la cúpula del partido, inmersa en la última sesión preparatoria del plenario de mañana con sus 1.001 delegados, a los que corresponderá elegir a la nueva presidencia.

    Son tres los aspirantes y dos las líneas que representan: la secretaria general, Annegret Kramp-Karrenbauer, leal a la línea de Merkel; y el exjefe del grupo conservador Friedrich Merz; y el ministro de Sanidad, Jens Spahn, estos dos últimos del ala derechista.

    "Wolfgang Schäuble rompió el silencio, así que ahora puedo decir yo que estoy convencido de que con ella tenemos más opciones de cohesionar a la CDU", afirmó hoy el ministro de Economía, Peter Altmaier, quien expresó así su apoyo a AKK, como se conoce a Kramp-Karrenbauer.

    Altmaier, persona de confianza de Merkel, mostró así indirectamente su crítica a Schäuble, otro peso fuerte del partido y ahora presidente del Parlamento alemán, quien dos días antes había juzgado como el mejor candidato al derechista Merz, en declaraciones en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, diario de referencia conservador.

    AKK y Merz, de 56 y 63 años, respectivamente, llevan media vida en el partido y llegan prácticamente empatados a la votación de mañana, mientras que a Spahn, de 38 años, se le considera sin opciones, por su menor arraigo entre sus estructuras.

    La secretaria general partía como teórica favorita y no está claro si el apoyo explícito de Schäuble a su directo rival la perjudicará, ya que era sobradamente conocido hacia dónde se inclinaban las preferencias del antecesor de Merkel en la presidencia de la CDU.

    Desde que Merz formalizó su aspiración -inmediatamente después de que Merkel anunciara que no optaría a su reelección como presidenta de la CDU, a finales de octubre- se ha asegurado en los medios que el hombre a la sombra de esa candidatura es Schäuble.

    Ambos son aliados políticos y personales, con la diferencia de que Merz se apartó de las estructuras de la CDU al verse arrinconado por Merkel, dos años después de acceder ésta a la presidencia del partido, mientras que Schäuble siguió en la vanguardia política alemana.

    Merz pasó a hacer carrera en grupos de presión empresariales, mientras que Schäuble -quien tuvo que dejar la presidencia de la CDU en 2000 al destaparse un escándalo financiero en el partido bajo la era Helmut Kohl- estuvo en los sucesivos gobiernos de Merkel.

    Una hipotética victoria de Merz en la elección de mañana se contempla en Alemania como una revancha hacia Merkel, que tendrá más difícil lograr su objetivo de agotar la actual legislatura como canciller -previsiblemente, hasta 2021-.

    La coalición de gobierno entre conservadores y socialdemócratas ha estado marcada por los disensos desde que logró formarse -el pasado marzo- y se perfila complejo un reparto armónico de poderes entre Merz y Merkel, al frente del partido y del gobierno, respectivamente.

    Merkel ha tratado de mantenerse neutral durante las seis semanas que ha durado la presentación ante las bases de los tres aspirantes, aunque también es cierto que en Alemania se sabe que su opción es AKK, a la que la propia canciller y jefa del partido designó para la secretaría general.

    La líder alemana ha afirmado reiteradamente que no cree en las designaciones desde arriba, entre otras cosas porque por experiencia propia sabe que éstas fracasan, lo que se ha interpretado como una alusión a como fue su llegada a la jefatura del partido, en 2000, cuando el elegido por Kohl había sido Schäuble.

    La expectación ante la votación de mañana es máxima, ya que de la decisión del congreso de Hamburgo -ciudad donde nació la canciller- dependerá probablemente quién será el próximo candidato a la cancillería del bloque conservador, una vez se retire Merkel.

    Entre los 1.001 delegados -cifra tradicional de representantes de la CDU en todos los congresos federales-, 658 son hombres y 343 mujeres. El "Land" con mayor número de representantes, de acuerdo a su peso demográfico en el país, es Renania del Norte-Westfalia, del que son originarios tanto Spahn como Merz.

    Gemma Casadevall

    Una continuista, un exrival y un ministro rompedor aspiran a suceder a Merkel

    Hamburgo (Alemania), 6 dic (EFE).- Los 1.001 delegados de la Unión Cristianodemócrata alemana (CDU) elegirán mañana al sucesor o sucesora de su líder, Angela Merkel, puesto al que optan su secretaria general Annegret Kramp-Karrenbauer, un antiguo rival de la canciller, Friedrich Merz, y un ministro crítico, Jens Spahn.

    Se trata de tres aspirantes con perfiles diferenciados, que de ganar la elección se convertirán probablemente en el siguiente candidato de la familia conservadora alemana a la Cancillería cuando se retire Merkel, en el poder desde 2005.

    Kramp-Karrenbauer, de 56 años y conocida como AKK, estaba predestinada a ser la sucesora natural de Merkel al frente del partido desde que fue designada secretaria general, el pasado febrero.

    Ello la convirtió en la candidata "del aparato", lo que en otras condiciones la habría catapultado a la presidencia de no haber aparecido otros dos aspirantes, ambos representantes del ala más derechista del partido.

    Ingresó en la CDU con 20 años e hizo carrera en su estado federado, el Sarre (fronterizo con Francia), del que se convirtió en jefa del Gobierno regional en 2011 tras una tortuosa negociación con un tripartito inédito con los verdes y liberales.

    Fue un ejecutivo de vida efímera, lo que llevó a unos comicios anticipados en los que salió reelegida y a la formación de una alianza con los socialdemócratas, acorde al modelo de la que lidera Merkel en Berlín.

    Su tenacidad y sus dotes para la búsqueda de consenso la acercan a la canciller, aunque en lo personal y en lo político defiende líneas más conservadoras, de modo que, de alcanzar la presidencia de la CDU, se cuenta con un giro en esa dirección, aunque moderado.

    Merz, de 63 años y nacido como AKK en el oeste del país, ingresó siendo un estudiante en la CDU, se convirtió en eurodiputado en 1989 y obtuvo en 1994 un escaño en el Bundestag (Parlamento federal).

    Destacó desde el primer momento por su elocuencia, ambición y ansias de impulsar reformas de signo liberal en la CDU, lo que primero le obstaculizó la correlación de fuerzas existente en la última etapa del canciller Helmut Kohl y luego la línea de Merkel, defensora del término "social" en política.

    Asumió el puesto de jefe del grupo parlamentario conservador tras la derrota de Kohl y el paso de la CDU a la oposición, pero el terremoto interno desatado por el escándalo de la financiación irregular durante la era del patriarca dio un giro a su carrera.

    Merkel accedió a la jefatura en 2000, cuando ninguno de los barones quería mancharse y tras la retirada del sucesor designado por Kohl, Wolfgang Schäuble, salpicado por el asunto.

    En 2002 quedó relegado a una segunda posición, al asumir Merkel la función de líder de la oposición, tras lo que Merz se retiró de las estructuras del partido para consagrar su talento económico a lobbys empresariales, incluida la presidencia en Alemania de Blackrock, el mayor gestor de activos del mundo.

    Es millonario, viaja en avión privado y defiende postulados económicos más cercanos al Partido Liberal (FDP) que al propio, mientras que en cuestiones como la política migratoria representa al ala más restrictiva y derechista del partido.

    Spahn, de 38 años y también originario del oeste del país, es el único entre los tres que aportaría una renovación generacional, aunque desde una posición igual de derechista que la de Merz.

    Merkel le incorporó a su equipo de gobierno el pasado marzo, al nombrarle ministro de Sanidad de su nueva coalición con los socialdemócratas, en un intento por integrar en el ejecutivo al ala más crítica entre sus filas.

    Su victoria se considera muy poco probable, pero, a diferencia de los otros dos aspirantes, se considera que incluso en caso de derrota tiene mucha carrera por delante, por razones de edad y por representar a las nuevas corrientes del conservadurismo alemán.

    En lo biográfico presenta el perfil más rompedor por su condición de homosexual, aspecto al que suele aludir ante sus correligionarios para defender el matrimonio igualitario -él mismo está casado- para resaltar que ello no está reñido con los valores conservadores.