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    Las Lajas, el santuario colombiano de sanación y esperanza en Los Andes

    20 de octubre de 2018

    Ipiales (Colombia), 20 oct (EFE).- Miles de personas, especialmente de Colombia y Ecuador, acuden cada semana en romerías al santuario colombiano de Las Lajas, ubicado en plena frontera entre los dos países, en busca de curar sus enfermedades o dar gracias por su sanación.

    El imponente santuario, ubicado a 2.900 metros de altura y dedicado a Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas, está construido sobre el cañón del río Guáitara, a unos siete kilómetros de la frontera con Ecuador, en el departamento de Nariño y muy cerca del caserío de Las Lajas.

    Al templo de estilo neogótico se llega por un camino construido con piedras, en tanto que la pared de la montaña está tapizada de cientos de exvotos (placas) de diferentes tamaños, que los peregrinos han instalado en agradecimiento a la Virgen por los milagros concedidos.

    En el 2006, este santuario fue declarado Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional y en el 2007 fue elegido como una de las Siete Maravillas de Colombia, pero su gran éxito llegó en 2015.

    Ese año, el diario británico The Telegraph reconoció al templo como la iglesia más bella del mundo y la publicación para viajeros Condé Nast Traveler lo escogió entre los lugares más bonitos de Suramérica para visitar.

    "El santuario impresiona por lo grande, por la forma en que fue construido, porque está en el desfiladero, por sus vitrales, realmente cuesta imaginarse cómo fue levantado, sobre todo en tiempos en que la maquinaria para las construcciones no era ni de lejos de las que se dispone hoy en día", comenta a Efe Jorge Rosero, un ecuatoriano que llegó a Ipiales invitado por su familia colombiana.

    Los vitrales, diseñados y elaborados en el sitio de la construcción por el alemán Walter Wolf Wasserhouen, representan las apariciones de la Virgen entre ellas las de Guadalupe, en México; el Cisne, de Ecuador; y Chiquinquirá, en Colombia, al igual que apariciones especiales como la de Fátima.

    Wolf Wasserhouen nació hacia 1906 en Düsseldorf, Alemania. Llegó a Colombia en 1940 y después de trabajar en varios oficios abrió en su casa un taller, en el barrio de La Candelaria, en pleno corazón colonial de Bogotá, donde vivió hasta 1980, cuando fue asesinado.

    Para Rosero, el templo visto desde lejos es como si estuviera suspendido en el aire y en la cintura de la montaña. "Es muy hermoso", insiste.

    Y no deja de maravillarse porque por una de las laderas de la montaña desciende una cascada de unos 80 metros que parece arrullar y cantarle a la Virgen.

    Aunque no sabe quién fue el que dijo que el santuario es como "un milagro de Dios sobre el abismo", asegura estar de acuerdo con ese calificativo.

    Según el guía Jorge Hurtado Duarte, el santuario actual es la culminación de otras construcciones que sirvieron de base a la primera, que fue una modesta choza de madera y paja hasta llegar a lo que es hoy en día: un edificio de casi 28 metros de fondo por 15 metros de ancho, en donde hay tres naves cubiertas con bóvedas de crucería.

    Explica que hasta esa basílica menor, construida entre 1916 y 1949, llegan a diario miles de peregrinos para pagar promesas o turistas para conocer este prodigio de la arquitectura.

    Placas y documentos que reposan en la basílica recuerdan que fue el arquitecto ecuatoriano Mariano Aulestia quien entre 1859 y 1862 hizo la maqueta de la capilla, que "por su atrevida belleza" fue llamada Nido de Oropéndola.

    Los lugareños saben de "memoria" que en el siglo XVIII la Virgen se le apareció sobre una laja a Rosa, una niña indígena sordomuda, quien ante la visión le expresó a su madre, María Mueses: "Mamita, la mestiza me llama".

    La aparición ocurrió cuando madre e hija se dirigían de Ipiales a su casa en Potosí y fueron sorprendidas por una tormenta por lo que buscaron refugio a la vera del camino entre las oquedades formadas por las piedras planas y anchas que caracterizan esa zona del cañón.

    La imagen de la Virgen está sobre una losa vidriosa, muy frágil, de 3,2 metros de alto por 2 metros de ancho y, según estudiosos, pudo haber sido obra de fray Pedro Bedón, si bien todavía hay quien afirma que la imagen no es creación humana.

    Las Lajas es uno de los atractivos turísticos que busca potenciar el departamento de Nariño en alianza con el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo de Colombia y del Fondo Nacional de Turismo (Fontur).

    En 2015 y para darle mayor facilidad a los turistas el Gobierno colombiano inauguró un teleférico que tiene 1.530 metros de longitud y un descenso de 350 metros.

    En el 2006, este santuario fue declarado Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional y en el 2007 fue elegido como una de las Siete Maravillas de Colombia.

    Ovidio Castro Medina