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    Shepard Fairey, obras críticas con el mundo que van más allá del retrato de Obama en el MMOMA

    19 de septiembre de 2018

    Moscú, 19 sep (EFE).- Shepard Fairey, que se dio a conocer al mundo en 2008 con el famoso retrato del entonces candidato presidencial Barack Obama, es un activista y provocador que llama la atención con sus obras sobre el abuso del poder, la propaganda, la xenofobia, la vigilancia del Estado o el cambio climático.

    "Obedece, consume y repite", "Gran Hermano te está vigilando", "Nunca confíes en lo que ves con tus propios ojos, cree lo que te dicen", "La sociedad para la preservación de la destrucción" o "Bienvenido visitante", son solo algunos de los títulos de las cerca de 400 obras que el artista estadounidense de 48 años expone a partir de hoy en el Museo de Arte Moderno de Moscú (MMOMA).

    Es la primera vez que el MMOMA dedica una exposición únicamente a Shepard, al que califica como "uno de los artistas callejeros más influyentes de nuestros tiempos".

    Aunque Shepard se hizo famoso con el retrato en rojo y azul de Obama, titulado "Hope" (esperanza), que se reprodujo en pegatinas, chapas y camisetas durante la campaña electoral y que dio lugar a nuevas versiones del cartel con los mensajes "Change" (cambio),"Vote" (vota) y "We the People" (nosotros, el pueblo), el artista cuenta con una carrera de más de 25 años y 1.200 obras.

    En sus carteles critica abiertamente cuestiones como la venta de armas, el control del Estado, las guerras, la destrucción del medioambiente, el poder del dinero o los abusos de las empresas.

    "Mucho de mi trabajo es cuestionar el poder y crear mecanismos para luchar contra el abuso del poder", dijo el artista a los medios con motivo de la inauguración de su exposición en Moscú.

    Shepard también es directo en su visión sobre algunos exlíderes, como Richard Nixon, Mao Zedong o Stalin, ya que pide al público, sin palabras o eslóganes, que los observen con ojos "cautelosos".

    La serie se titula no en vano "Creamos en menos dioses".

    Otros de sus trabajos más recientes incluyen referencias más sutiles a problemas actuales, como los que ocupan el debate en su propio país y que aluden al racismo, el sexismo o la xenofobia.

    Lejos de querer generar más división, Shepard quería crear obras con "un sentimiento de humanidad", como es el caso del cuadro sobre las restricciones migratorias con la leyenda "Bienvenido visitante".

    Sin embargo, Shepard no quiere crear una obra en el que el presidente de EEUU, Donald Trump, sea el protagonista como sí ha hecho con otros líderes.

    "Donald Trump ha tenido todas las oportunidades de hacer lo correcto y cada vez ha hecho lo contrario. También ama la atención y yo no quiero dársela. Yo le veo como alguien que empeora los problemas, pero él es un síntoma de problemas más profundos y no él mismo, exclusivamente, el problema", opinó el artista.

    Fiel a su historial de artista callejero, Shepard, que ha sido detenido ya 18 veces, exhibe sus mensajes al mundo no solo en museos, sino también en muros, edificios o estaciones de trenes en ciudades como San Francisco, Osaka, Tokio o Berlín.

    Su estilo ha evolucionado a lo largo del tiempo. Se ha inspirado en movimientos que van desde el arte underground, el constructivismo ruso y el pop art, a la estética de los anuncios o la filosofía "hazlo tú mismo" de la cultura punk y los skateboarders.

    Y cuando nacieron sus dos hijas comenzó a emplear una estética "menos masculina y agresiva" con motivos más florales.

    A lo largo de los años también cambiaron los colores que fue incorporando a sus obras -como el azul-, ya que cuando inició su carrera "era muy pobre" y solo utilizaba el rojo y el negro.

    El primer trabajo de Shepard fue una pegatina con la cara del luchador de Wrestling francés "André el Gigante".

    La reacción de la gente en la calle indagando sobre el significado de la pegatina, "me hizo entender cómo una imagen que no anuncia nada puede provocar que te hagas preguntas", señaló.

    Fue cuando Shepard decidió convertir la pegatina en una campaña más seria, denominada "Obey Giant", con la que reta al público a pensar en la libertad humana o la ausencia de la misma.

    El artista recurrió a la palabra "obey" (obedece) y al constructivismo ruso, porque la estética soviética despierta en "muchos estadounidenses temores".

    Este concepto junto a la idea del control y la sumisión "transforman mis obras en algo muy concreto", indicó Shepard, que aún empieza cada trabajo de manera manual con plantillas, aerosoles y cuchilla para después escanearlo y perfeccionarlo en el ordenador.