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    Ortega carga contra la Iglesia católica, desafía a la OEA y llama a la autodefensa

    19 de julio de 2018

    Managua, 19 jul (EFE).- El presidente nicaragüense, Daniel Ortega, cargó hoy contra los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, a quienes tildó de "golpistas", desafió a la OEA y llamó a sus seguidores a no "bajar la guardia" y a mantener "mecanismos de autodefensa" en medio de la sangrienta crisis sociopolítica que vive el país desde hace tres meses.

    Ortega, quien encabezó un acto en conmemoración de los 39 años de la revolución que derrocó la dictadura de los Somoza en Nicaragua, denunció que es víctima de una "conspiración armada y financiada por fuerzas internas y externas" -que no mencionó- que intentan derrocarlo del poder, en el que se mantiene desde enero de 2007.

    Esas "fuerzas", sostuvo, cuentan con la "complicidad" de los obispos nicaragüenses, que actúan como mediadores y testigos de un diálogo nacional.

    Según Ortega, los obispos dejaron en evidencia sus intenciones "golpistas" cuando le presentaron una propuesta para superar la crisis, que incluía adelantar las elecciones generales para marzo de 2019 y reestructurar el Estado.

    El Episcopado propuso a Ortega, el 7 de junio pasado, adelantar los comicios generales de noviembre de 2021 al 31 de marzo de 2019, sin que él pueda presentarse a la reelección, para superar la crisis, lo que, según el mandatario, lo "sorprendió" y se dijo: "(Los obispos) están comprometidos con los golpistas".

    "Eran parte del plan con los golpistas", continuó el presidente, ante miles de nicaragüenses que se congregaron en la Plaza de la Fe Juan Pablo II, una explanada ubicada a orillas del Lago de Managua, al que acudió, como invitado, el nuncio apostólico Stanislaw Waldemar Sommertag.

    "Me duele mucho decir esto, porque le tengo aprecio a los obispos, les respeto, soy católico", señaló Ortega, quien observó que dentro del Episcopado hay obispos con posiciones de mayor confrontación y otros más moderados, "pero lamentablemente siempre se impone la línea de la confrontación, no de la mediación".

    Por tanto, Ortega descalificó a los obispos como mediadores del diálogo porque, a su juicio, "tomaron partido", están comprometidos con los "golpistas" y promueven el levantamiento de "sectas satánicas".

    Reprochó que los obispos hayan invitado a la ciudadanía a sumarse este viernes a un día de ayuno y al rezo de la oración de exorcismo a San Miguel Arcángel, en "desagravio por las profanaciones" de estos últimos meses "contra Dios" con la violencia desatada en el país.

    Los obispos instaron, "especialmente a los policías, militares y demás empleados públicos" que apoyan la violencia contra los nicaragüenses por orden del Gobierno, a reflexionar sobre la "grave y urgente" situación del país y a tomar las decisiones "que su conciencia les dicte y se comprometan a defender la vida, la verdad y la justicia".

    "¡Qué exorcicen a los demonios que tienen allí!", clamó Ortega, para quien los obispos hicieron esa invitación porque decidió restablecer el orden con el uso de la fuerza "y eso es lo que los tiene irritados, enfurecidos,y están llamando a exorcizarnos".

    El mandatario instó a los obispos a "rectificar y que no estén levantando a estas sectas satánicas, golpistas y asesinas", en alusión a los sectores opositores al Gobierno.

    Durante su discurso, el mandatario también desafió a la Organización de Estados Americanos (OEA), cuyo Consejo Permanente aprobó este miércoles en una sesión extraordinaria una resolución que le pide elecciones anticipadas.

    "Las decisiones de Nicaragua no se toman en Washington (sede de la OEA), se toman en Managua", remarcó.

    La resolución fue aprobada con el voto a favor de 21 de los 34 miembros activos de la OEA, mientras que tres (Nicaragua, Venezuela y San Vicente y las Granadinas) votaron en contra y se registraron siete abstenciones y tres ausencias.

    Además, el líder sandinista hizo un llamado a sus seguidores a no "bajar la guardia" y a mantener activos "mecanismos de autodefensas" para evitar un "golpe de Estado" en su contra.

    Durante el acto, el Gobierno de Venezuela, a través del canciller Jorge Arreaza, se ofreció para "defender la soberanía" de Nicaragua.

    "Sepa, presidente Daniel Ortega, que si el pueblo bolivariano, los revolucionarios de Venezuela, tuviésemos que venir a Nicaragua, a defender la soberanía y la independencia nicaragüense, a ofrendar nuestra sangre por Nicaragua, nos iríamos como Sandino, a la montaña de la Nueva Segovia", dijo Arreaza ante la audiencia sandinista.

    Previamente el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, mostró su solidaridad con lo que consideró "acciones injerencistas e intentos de desestabilizar a la nación".

    Los cancilleres de Venezuela y Cuba fueron los únicos representantes de Estado de alto nivel que acompañaron a Ortega en la celebración más importante del gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

    Nicaragua atraviesa la crisis sociopolítica más sangrienta desde la década de 1980, también con Ortega siendo presidente, que ha dejado entre 277 y 351 muertos, según organismos humanitarios.

    Las protestas contra Ortega se iniciaron el 18 de abril por unas fallidas reformas a la seguridad social y se convirtieron en un reclamo que pide la renuncia del mandatario, después de once años en el poder, con acusaciones de abuso y corrupción en su contra.

    El Gobierno de Nicaragua lamenta la muerte de una de las 351 víctimas de las protestas

    Managua, 19 jul (EFE).- El Gobierno de Nicaragua lamentó y condenó hoy el asesinato de Francisco Arauz Pineda, quien perdió la vida en Managua el pasado 9 de junio mientras derribaba las barricadas levantadas por los jóvenes que comenzaron las protestas, y obvió a las otras 350 personas fallecidas en el mismo contexto.

    Durante la celebración del 39 aniversario de la revolución sandinista, el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, aseguraron que Arauz fue asesinado "por grupos terroristas de la derecha golpista", quienes, según el mandatario, buscan sacarlo del poder "a la fuerza".

    Ortega y Murillo entregaron a Amada Pineda, madre de Arauz, la Orden Augusto César Sandino, en muestra de reconocimiento por su "lucha incansable, en un momento en que sufre el dolor de haber perdido a un hijo a manos de unos asesinos diabólicos".

    No obstante, durante el discurso en el que lamentaron el fallecimiento de Arauz, no condenaron las muertes de las otras 350 personas que perdieron la vida desde el comienzo de las revueltas populares el pasado 18 de abril.

    La condecoración entregada a Pineda es concedida por el Gobierno en reconocimiento a "servicios excepcionales prestados a la patria o a la humanidad, y Amada es un icono de la lucha y victoria de la mujer sandinista".

    Amada, quien nació en el Cabezal, comarca en Matagalpa, "es mil veces heroica esta madre campesina víctima de actos diabólicos", dijo el presidente en el momento de entregarle el reconocimiento.

    Pineda, quien se mostró sandinista convencida, aseguró que "los asesinos quieren terminar con la revolución, pero hay revolución para rato".

    "Los que mataron a mi hijo son unos asesinos, pero seguimos adelante compañeros y hay que trabajar mucho por esta revolución", concluyó la mujer.

    Desde el pasado 18 de abril, Nicaragua atraviesa la crisis sociopolítica más sangrienta desde la década de los años de 1980, cuando también Ortega era presidente del país.

    Las protestas contra Ortega comenzaron por unas fallidas reformas a la seguridad social y se convirtieron en un reclamo que pide la renuncia del mandatario, al que la población acusa de abuso y corrupción.

    Y aunque la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) cifró hoy en 277 las personas que han muerto en Nicaragua en el marco de la crisis, organismos humanitarios señalan que esa cifra ya escaló a por lo menos 351.

    "Hoy no es un día para celebrar", dice la opositora Alianza Cívica de Nicaragua

    Managua, 19 jul (EFE).- La Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia de Nicaragua, que se opone al Gobierno de Daniel Ortega, afirmó que "hoy no es un día para celebrar", en referencia a la fiesta sandinista prevista para este jueves en medio de la crisis que deja ya más de 350 muertos en el país.

    "Hoy no es un día para celebrar. Hoy haremos silencio en honor a nuestros hermanos. Seguiremos nuestra lucha cívica y pacífica hasta que el Gobierno nos deje de matar, nos deje de apresar y nos deje ser libres. #SOSNicaragua", publicó la Alianza, en sus redes sociales.

    La celebración por el aniversario 39 de la revolución que derrocó la dictadura de Anastasio Somoza está prevista para la tarde de este jueves y se prevé que la encabece Ortega.

    Los integrantes de la Alianza repudiaron hoy además la represión gubernamental que en 3 meses ha dejado a "más de 350 nicaragüenses asesinados, más de 2.000 heridos, más de 300 desaparecidos y cientos de presos políticos".

    La Alianza Cívica, integrada por empresarios, estudiantes, campesinos y miembros de la sociedad civil, es la contraparte en el diálogo nacional con el Gobierno de Ortega y que tiene como mediadores a los obispos de la Conferencia Episcopal de Nicaragua.

    La semana pasada la Policía Nacional arrestó al representante de los campesinos en el diálogo, Medardo Mairena, junto con el líder rural Pedro Mena, a quienes acusó de terrorismo; y este miércoles fue detenida la líder de los comerciantes, Irlanda Jerez.

    La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh) han responsabilizado al Gobierno de Nicaragua por "asesinatos, ejecuciones extrajudiciales, malos tratos, posibles actos de tortura y detenciones arbitrarias cometidos en contra de la población mayoritariamente joven del país".

    El diálogo nacional se encuentra suspendido debido a que el Gobierno no ha garantizado las condiciones para que continúe, según los obispos, que recientemente fueron agredidos físicamente por grupos oficialistas.

    Nicaragua atraviesa la crisis sociopolítica más sangrienta desde la década de los años de 1980, también con Ortega siendo presidente.

    Las protestas contra Ortega se iniciaron el 18 de abril, por unas fallidas reformas a la seguridad social y se convirtieron en un reclamo que pide la renuncia del mandatario, después de once años en el poder, con acusaciones de abuso y corrupción en su contra.