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    Galápagos avanza en el combate al insecto que chupa la sabia de los manglares

    20 de mayo de 2018

    Quito, 20 may (EFE).- El Parque Nacional Galápagos avanza con éxito en su combate a la escama blanca de la higuera, un insecto que chupa la sabia de los manglares y segrega una melaza que favorece la producción de un hongo que debilita las plantas, en las también conocidas como islas encantadas de Ecuador.

    Llegado hace varios años por accidente al archipiélago -situado a unos mil kilómetros de las costas continentales ecuatorianas-, el insecto no representaba un peligro para las especies protegidas, pero hace unos cinco años, los expertos comenzaron a detectar características "invasivas, agresivas" en la especie.

    Y aunque ahora mismo "no hay señales de alarma" por su presencia, los técnicos han preferido combatirlo antes de que el asunto se salga de control, comenta a Efe Christian Sevilla, responsable del proceso de conservación y restauración de ecosistemas en Galápagos.

    Los especialistas han identificado la presencia de la escama blanca en las cuatro islas pobladas del archipiélago: Floreana, Santa Cruz, San Cristóbal e Isabela.

    "La presencia (del insecto) es preocupante especialmente en las zonas de manglar", pues, además de ser áreas de importancia ecológica porque ahí anidan muchas especies marinas, también son catalogadas como humedales de importancia internacional (sitios Ramsar), explica.

    Pero insiste en que se trata de un control y erradicación "preventivo" pues no han detectado "efectos dañinos significativos" con lo cual los métodos para contrarrestar al insecto en este momento son más efectivos y menos costosos.

    De hecho, en el control del insecto -que comenzó en 2017- se han invertido hasta ahora 200.000 dólares, cifra muy lejana a otras asignadas para la erradicación de especies introducidas, como las cabras, que en el pasado representaron un problema para el archipiélago de Galápagos.

    La escama de la higuera (Ceroplastes rusci), es un insecto que segrega una mielecilla, que ayuda al establecimiento y dispersión del hongo fumagina, que se muestra como un polvo negro parecido al hollín, que cubre las hojas, el tallo y otras partes de la planta, debilitándola, pudiendo llegar a matarla por falta de fotosíntesis.

    Según Sevilla, el 30 % de los humedales cercanos a zonas pobladas en las mencionadas islas de Galápagos está afectado por el insecto, un porcentaje que representa entre el 5 y el 6 % del total de humedales del archipiélago, catalogado en 1978 como Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco.

    El experto detalla que en toda la superficie del archipiélago (7.800 kilómetros cuadrados) hay cerca de 6.000 hectáreas de humedales, de las cuales entre 200 y 250 hectáreas están afectadas por el insecto, y de ellas ya han sido intervenidas unas 120 hectáreas en las cuatro islas mencionadas.

    Por el momento, la prioridad de los expertos son los humedales cercanos a las zonas urbanas, pero el trabajo se extenderá posteriormente a las áreas agrícolas, unas 700 hectáreas aproximadamente, calcula Sevilla.

    En el combate al insecto, los expertos utilizan un producto que se basa en un aceite vegetal y que también tiene ciertos químicos, que no causan mayores impactos a otras especies, pero que afecta directamente al sistema respiratorio de la escama blanca de la higuera, explica.

    El producto, que se dispersa con bombas a manera de nebulización, actúa a lo largo de un mes, no mata a otras especies endémicas o nativas, asegura el experto aunque acepta que sí quema la planta "en un porcentaje mínimo", pero ya sin la presencia de la escama, se "restaura rápido", sostiene.

    Sevilla destaca como "positivos" los resultados en el control del insecto hasta el momento en los manglares cercanos a poblados del archipiélago.

    Según el Parque Nacional Galápagos, en el archipiélago hay cuatro tipos de manglares: botón, rojo, negro y blanco, que son de vital importancia para el ciclo de vida tanto de animales marinos como terrestres y que son, en general, barreras de protección ante fenómenos climáticos.

    Estos árboles, según la comunidad científica, fueron las primeras plantas en colonizar las orillas de las islas, además son el lugar propicio para sostener a diversos organismos endémicos y nativos.