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    Ramaphosa sucede a Zuma como presidente de Sudáfrica

    15 de febrero de 2018

    Johannesburgo, 15 feb (EFE).- Cyril Ramaphosa asumió hoy el cargo de presidente de Sudáfrica en sustitución Jacob Zuma, que dimitió anoche, y, en su primera intervención, se comprometió a trabajar para hacer frente a los problemas más graves del país, como la corrupción o la caída de la economía.

    El hasta ayer vicepresidente fue designado en la cámara baja del Parlamento, en una sesión en la que ningún otro candidato le disputó el puesto, por lo que no hubo necesidad de votación.

    Ramaphosa había sido nominado por su partido, el Congreso Nacional Africano (CNA), gobernante en Sudáfrica desde el fin del apartheid y mayoritario en el recinto.

    El antiguo dirigente sindical, de 65 años, afirmó que recibe el encargo como un honor y con humildad y se prometió que, bajo su mando, el interés de Sudáfrica y de su pueblo vaya siempre "primero".

    "Cuando uno es elegido en esta clase de posición, básicamente se conviertes en un servidor del pueblo de Sudáfrica", expresó Ramaphosa, en su primera intervención tras la elección.

    También dijo que va a trabajar para paliar la corrupción, para mejorar la economía y para buscar la unidad del país, aunque explicó que los detalles de sus líneas de Gobierno los expondrá mañana, cuando se encargue de dar el discurso sobre el estado de la nación en el mismo recinto.

    "Trabajaré muy duro en para no decepcionar al pueblo de Sudáfrica", concluyó.

    Solo unas horas después, el presidente del Tribunal Constitucional, Mogoeng Mogoeng, le tomó juramento en una pequeña ceremonia que lo convirtió oficialmente en el quinto presidente de la historia democrática de Sudáfrica.

    Las principales figuras del CNA arroparon a su nuevo líder y acompañaron su designación con vítores y cánticos que ponían fin a semanas de tensión por el tira y afloja con Jacob Zuma para que abandonase la Presidencia.

    Los escándalos de corrupción que rodean al exmandatario se habían convertido en una mancha para el partido y ponían en serio peligro su popularidad de cara a las elecciones de 2019.

    Zuma está implicado en numerosas acusaciones, incluidos casi 800 cargos por corrupción relativos a contratos de armas de finales de los noventa o las investigaciones por haber usado el Estado para favorecer a una familia de empresarios afines con concesiones públicas millonarias.

    Ya sin margen de maniobra para retener el cargo debido a un ultimátum público del partido, Zuma dimitió anoche y el antiguo movimiento de liberación puso en marcha los trámites para asegurar que Ramaphosa pudiera convertirse en presidente de forma inmediata.

    "Creo verdaderamente que nuestra democracia ha madurado y se mantiene fuerte", señaló la presidenta del Parlamento, Baleka Mbete.

    No estaban tan de acuerdo con el proceso los partidos de la oposición, que reclamaban la disolución del Parlamento y convocatoria de elecciones anticipadas.

    "Nuestro problema no es Jacob Zuma, es el CNA", aseguró Mmusi Maimane, líder del principal partido opositor, la Alianza Democrática.

    "Sería erróneo por mi parte decir que el problema de Sudáfrica es Jacob Zuma. Usted sentado en la silla de al lado ni si quiera le dijo lo que estaba haciendo mal", subrayó.

    En consecuencia, Maimane pidió que se dé oportunidad a un "nuevo comienzo" elegido por el pueblo y echó en cara a Ramaphosa que, como vicepresidente en el Gobierno de Zuma, no actuó contra el deterioro de la Administración y la economía ni contra los escándalos de corrupción de su superior.

    Incluso más contundentes se mostraron los Luchadores por la Libertad Económica (EFF), que para mostrar su rechazo abandonaron la cámara pocos minutos después del inicio de la sesión.

    Pese a todo, la mayoría de los referentes opositores felicitaron a Ramaphosa y celebraron que su asunción pone fin oficialmente a la era Zuma.

    Ramaphosa, el negociador que puso fin a la 'era Zuma'

    Johannesburgo, 15 feb (EFE).- Menos de ocho semanas tardó Cyril Ramaphosa, un antiguo sindicalista y activista antiapartheid devenido en exitoso hombre de negocios, en hacer buena su reputación de pragmático negociador para poner fin a la 'era Zuma' en Sudáfrica y alzarse hoy como el nuevo presidente del país.

    Aunque en diciembre pasado consiguió el liderazgo del Congreso Nacional Africano (CNA) -partido gobernante desde el fin del apartheid- por un margen muy exiguo, Ramaphosa logró en un tiempo récord forzar la salida de Jacob Zuma, entre bambalinas y sin exponer excesivamente los trapos sucios del que hasta ayer era su jefe.

    Una sesión en el Parlamento, en el que fue el único nominado para ocupar la vacante de la Jefatura de Estado, lo convirtió en el quinto presidente de la Sudáfrica democrática.

    Nacido en Soweto en 1952 en el antiguo gran gueto negro de Johannesburgo, Ramaphosa pertenece a la etnia zulú -mayoritaria en el país- y estudió Derecho en la Universidad del Norte.

    Su etapa de formación le llevó al activismo político, donde se alineó con los movimientos de conciencia negra.

    En los setenta fue encarcelado en dos ocasiones: en 1974 y en 1976, acusado bajo las leyes de terrorismo que el gobierno segregacionista blanco usaba para hostigar a la mayoría negra.

    En los ochenta su vida se inclinó hacia el sindicalismo, lo que le llevó a cofundar el Sindicato Nacional de Mineros Negros (NUM), el más grande de Sudáfrica.

    Desde su Secretaría General peleó por la mejora de los salarios y las condiciones de los trabajadores y, en 1987, dirigió a los mineros sudafricanos en una de las huelgas más largas de la historia del país.

    A esa etapa se remonta su fama de estratega, que luego le convertiría en uno de los jóvenes políticos con más proyección del CNA.

    Su elección en 1991 como secretario general del partido -en la primera reunión de la organización tras treinta años de proscripción- significó su salida del NUM para pasar a convertirse en una figura clave de las negociaciones del fin del apartheid.

    Ramaphosa sonaba ya entre los candidatos a convertirse en el primer vicepresidente de la Sudáfrica democrática, bajo la Presidencia de Nelson Mandela (1994-1999), pero en aquella ocasión se quedó con las ganas.

    La labor que sí le fue encargada fue la de presidente de la Asamblea Constituyente que redactó la Carta Magna de la nueva Sudáfrica democrática y multirracial, aprobada en 1996.

    Ese punto dio inicio a un nuevo capítulo de su vida: dejó su escaño de legislador para volcarse en los negocios, hasta acabar convertido en una destacada figura del capitalismo negro, presente en las listas de los más ricos del país.

    Hasta 2012 no regresaría verdaderamente a la primera línea política, al ser elegido vicepresidente del CNA que lideraba el entonces ya jefe de Estado Jacob Zuma (en el poder desde 2009).

    Por el medio había realizado otras labores de relevancia, como su participación en el desarme del IRA, y, en 2014, se convirtió finalmente en vicepresidente del Gobierno de Zuma, tras la victoria del CNA en las últimas elecciones generales celebradas hasta la fecha.

    Sin embargo, sus miras no se quedaron ahí y pronto empezó a apuntar a la Presidencia, un deseo que pasaba, en primer lugar, por garantizarse el liderazgo del partido a finales de 2017.

    Su campaña, enfrentada a la de la exesposa de su superior, la expresidenta de la Comisión de la Unión Africana (UA) Nkosazana Dlamini-Zuma, se fundamentó en la lucha contra la corrupción y la promesa de revitalizar de la sufrida economía sudafricana.

    Los dos pilares señalaban directamente contra los puntos débiles de la Administración de su jefe, quien mantenía su respaldo del lado de Dlamini-Zuma y está implicado en numerosos escándalos de supuesta corrupción.

    Preferido por los empresarios y clases medias, Ramaphosa se adjudicó la victoria en el seno de un CNA muy dividido y pasó a ocupar un cargo que orgullosamente llevaron iconos de la historia sudafricana como Mandela, Oliver Tambo o Albert Lutuli.

    El comienzo de 2018 fue también el de las especulaciones sobre la puesta en marcha de la maquinaria interna del CNA para acabar con Zuma y su pésima imagen, con la unidad del partido en juego por una parte y el riesgo de continuar perdiendo apoyo popular en picado en la otra.

    Aunque el objetivo inicial era lograr una salida consensuada, la presión creciente y la reticencia de un Zuma cada vez más acorralado acabó cristalizando en un ultimátum público para que dimitiera.

    Zuma se sometió solo una hora antes del fin del plazo y, apenas 15 horas después, el Parlamento convirtió a Ramaphosa en el nuevo jefe de Estado.

    Por Nerea González

    La Policía sudafricana declara en búsqueda y captura a un empresario próximo a Zuma

    Johannesburgo, 15 feb (EFE).- La Policía de Sudáfrica declaró hoy en búsqueda y captura a uno de los tres hermanos Gupta, una poderosa familia de empresarios de origen indio implicada en uno de los casos más graves de corrupción por los que se investiga al hasta ayer presidente del país, Jacob Zuma.

    Según informó la televisión pública de este país, la Policía ha emitido una orden de detención contra Ajay Gupta después de que no se presentara ante las autoridades, como se había acordado con sus abogados, para responder por una causa que investiga irregularidades millonarias en una explotación láctea público-privada.

    Ayer por la mañana, una fuerza policial de élite llevó a cabo diferentes redadas en edificios de la citada familia y arrestó a varias personas, incluido un miembro del clan y asesores.

    La operación llamó especialmente la atención por el contexto político en el que se producía, con el todavía presidente Zuma, próximo a la familia, contra las cuerdas para dimitir.

    Junto al ex jefe de Estado, los Gupta son los protagonistas de la investigación conocida como "Captura del Estado", uno de los escándalos de supuesta corrupción que más dañaron la imagen del expresidente en los últimos años.

    El nombre hace referencia a un informe publicado en 2016 por la entonces defensora del Pueblo sudafricana, Thuli Madonsela, en el que se acusaba al jefe del Estado y a varios altos cargos de ilegalidades en la concesión de contratos públicos millonarios.

    Madonsela argumentaba que los hermanos Gupta, con intereses en sectores diversos como la minería, el transporte o la comunicación, tenían prácticamente bajo su poder el aparato del Estado.

    El informe incluía testimonios y diversas pruebas, como una declaración del exviceministro de Finanzas, Mcebisi Jonas, sobre cómo uno de los tres hermanos Gupta le ofreció, en presencia de Zuma, ser titular de la cartera de Finanzas poco antes del cese de su entonces responsable, Nhlanhla Nene.

    El caso causó un fuerte impacto en la opinión pública y, pese a los intentos de Zuma de bloquear su avance, el pasado diciembre la Justicia ordenó al Gobierno establecer una comisión de investigación.

    Según la prensa local, las redadas de ayer también estaban relacionadas con las investigaciones de la "Captura del Estado".