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    El peruano Eielson se reivindica como artista total más allá de sus poemas

    22 de noviembre de 2017

    Lima, 22 nov (EFE).- Reconocido ampliamente por sus intensos poemas, el peruano Jorge Eduardo Eielson se reivindica póstumamente como artista total en la mayor exposición nunca antes dedicada a su obra, centrada en su poesía menos conocida, aquella que plasmó con el mismo lenguaje moderno en la pintura, escultura y teatro.

    Esa experimentación de la poesía visual, sonora y plástica en distintos soportes lo hace un "artista único, sin paralelo en Perú, y probablemente en Latinoamérica", según afirmó a Efe Sharon Lerner, curadora de la exposición "Eielson", abierta al público en el Museo de Arte de Lima (MALI) del 17 de noviembre al 4 de marzo de 2018.

    A lo largo de las cuatro salas que recogen sus obras más emblemáticas, Eielson, quien murió en 2006, deslumbra con su capacidad y coherencia para transmitir las mismas ideas e inquietudes en formatos y técnicas tan distintas, que lo hacen "no un artista multidisciplinar, sino un artista interdisciplinar", apuntó Lerner.

    Tildado de "ancestralista" como su amigo Fernando De Szyszlo, el artista plástico peruano más importante del siglo XX, Eielson también desarrolló su obra a partir del imaginario precolombino, pero a diferencia de su colega, recientemente fallecido, quiso actualizar el arte del Antiguo Perú a las tendencias modernas.

    Lo hizo con el quipu, el sistema de cuerdas con nudos utilizado para contabilizar objetos y registrar sucesos históricos por las civilizaciones prehispánicas, como su principal elemento, pues le permitía readaptar su código para elaborar un lenguaje plástico, expresivo y centrado en el conflicto de dos fuerzas contrapuestas.

    La primera sala está íntegramente dedicada a la serie de quipus con los que Eielson experimentó durante las primeras décadas de su carrera artística, algunos de ellos elaborados con sus propias camisas para explorar la tensión, la torsión, las líneas y las formas.

    La evolución es evidente, y esos nudos se vuelven cada vez más complejos, desde los solitarios de un solo color que evocan a la soledad, a los que van en parejas, con trenzas de distintos colores que simbolizan el amor, entre otros sentimientos.

    "Se trata de una reflexión en torno al soporte pictórico, el espacio expositivo, la relación con el cuerpo y el tiempo, fundamental en la obra de Eielson. Hay una tensión entre dos fuerzas. Es una suerte de problema entre dos cuerpos y su disolución da el paso al cuerpo", comentó Lerner.

    Rodeada por todos los quipus aparece en el centro de la sala una maqueta de la escenografía creada por Eielson para representar en la Bienal de Venecia de 1972 su primera novela, "El cuerpo de Giulia-no", donde de manera pionera crea un discurso sobre la identidad sexual que se disloca, con una mujer que de repente pasa a ser hombre.

    En ese escenario, con quipus que anudaban las paredes con el suelo, una bella modelo era envuelta en nudos para luego ser posteriormente desenvuelta.

    La muestra también recoge una serie de pinturas caracterizadas por las líneas rectas y el juego de texturas, al punto de utilizar un pájaro muerto y disecarlo para una de ellas.

    En estas representaciones apela a la división, la separación de dos mundos con líneas rectas, lo subterráneo, marginal y oculto, a los que busca conectar a través de su lenguaje expresivo.

    La exhibición guarda una última sala para todos los elementos precolombinos que inspiraron la obra de Eielson, rodeados de una serie de sobrecogedores autorretratos de sus distintas épocas que culminan con el "retrato final", una calavera con las tres edades del hombre: niño, adulto y muerte.

    Los poemas de Eielson también están presentes en la muestra, con una serie de pasajes repartidos entre las distintas obras con la intención de difundir entre el gran público la búsqueda universal y expresionista que lo hiciera un artista de culto entre los que conocen la obra completa de este poeta total.