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    Juan Goytisolo enterrado en una tumba junto a Genet enfrente del Atlántico

    05 de junio de 2017

    Larache (Marruecos), 6 jun (EFE).- El escritor español Juan Goytisolo, fallecido ayer en Marrakech a los 86 años, fue enterrado hoy en el llamado "cementerio español" de Larache, un camposanto ya en desuso donde su compañía eterna será principalmente la de los humildes soldados españoles muertos en las guerras con Marruecos.

    Su tumba fue cubierta con una sencilla lápida con el lema: "Juan Goytisolo. Escritor. Barcelona 1931-Marrakech 2017", que hubo que encargar a toda prisa hoy en la ciudad de Tánger.

    A su lado se encuentra la tumba de Jean Genet, otro escritor iconoclasta como él, y como él homosexual, amigo del mundo árabe y que eligió ser enterrado en Larache.

    El entierro de Goytisolo fue una sencilla ceremonia sin plegarias ni banderas para el escritor sin patria ni religión, donde se leyeron varios fragmentos de sus obras, principalmente aquellas en la que el escritor reivindica su carácter de exiliado, de "Juan sin tierra", mientras que otros subrayaron su papel de puente entre civilizaciones.

    Con el rugido del Atlántico de fondo y el canto de un almuédano cercano, tomaron la palabra algunas de las personas más cercanas al escritor, como el diplomático y escritor José María Ridao, nombrado albacea del difunto, su traductora al francés Aline Schulman o la arabista Lola López Enamorado.

    Aunque la familia del escritor había insistido desde Barcelona en que quería una ceremonia íntima, las autoridades de Larache se personaron en el acto, al igual que representantes diplomáticos españoles, amigos artistas del escritor llegados desde Marrakech y varias decenas de ciudadanos anónimos.

    Goytisolo había dejado claro hace muchos años que no quería regresar a España, "madrastra inmunda, país de siervos y señores", pero el escritor ateo y descreído tampoco quería ser enterrado en suelo católico, como recordó hoy José María Ridao.

    En Marrakech, su patria adoptiva, donde residía hace más de treinta años, no fue posible encontrarle una tumba, por carecer la ciudad de "un cementerio común" abierto a todas las religiones, como dijo a Efe el alcalde de la ciudad, Mohamed Belcaíd.

    En un país donde los cementerios son por esencia musulmanes, judíos o cristianos, casi no quedaba lugar para un ateo como Goytisolo, pero alguien se acordó del Cementerio Español de Larache, un camposanto lleno de tumbas de los años veinte del siglo pasado y desde entonces en desuso.

    Aquel cementerio maltratado por el salitre y la maleza, que apenas se limpia una vez al año por Todos los Santos, fue excepcionalmente reabierto en 1986 para recoger los restos de Jean Genet, que había vivido sus últimos años en Larache, y ello pese a que Genet encontró la muerte en París.

    Goytisolo no puede tener mejor compañía que la de Genet, un escritor al que admiraba por ser un rompedor que vivía al margen de la sociedad.

    El hombre que reivindicó a los traidores como Don Julián, a los heterodoxos y a los rompedores de la tradición, que reclamó el derecho y el deber del intelectual para tomar partido, vino a encontrar refugio en un país donde se comportó como un perfecto huésped, sin interferir jamás en debates internos ni tomar postura.

    Bien integrado en la medina de Marrakech, donde residía, solía salir a tomar té en humildes cafetines de la medina o de la Plaza Yamaa el Fna, y cuentan que daba abundantes limosnas en su barrio, como recuerda Brahim Jatib, el profesor marroquí que más lo ha traducido.

    Fue particularmente apreciada, en Marruecos como en España, su defensa de los musulmanes de Sarajevo o de los árabes en Palestina, así como sus reportajes sobre la guerra de Argelia, pero en Marruecos guardó silencio incluso en los llamados "años de plomo", cuando Hasán II reprimió sin piedad a la oposición.

    Al mismo tiempo, se jactaba de ser "el único español desde el arcipreste de Hita" que hablaba el árabe de la calle, particularmente el dialecto de Marrakech, una ciudad que siempre le deberá la proclamación de su plaza de Yamaa al Fna como "patrimonio inmaterial de la humanidad".

    Enterrado en suelo marroquí, a la vera del Atlántico, el más heretodoxo de los clásicos españoles cumplió así su deseo de romper con su patria, a la que dedicó estas palabras de las que jamás se desdijo: "Tierra ingrata, entre todas espuria y mezquina, jamás volveré a ti".

    El Gobierno francés rinde tributo al "inmenso escritor" Juan Goytisolo

    París, 5 jun (EFE).- La ministra de Cultura de Francia, Françoise Nyssen, rindió hoy homenaje al "inmenso escritor" Juan Goytisolo, a quien consideró "un español de nacimiento, pero ciudadano del mundo" que hizo de puente cultural entre Europa, el continente americano y el mundo árabe.

    "Un inmenso escritor nos ha dejado. Juan Goytisolo, español de nacimiento convertido en ciudadano del mundo, viajante incansable, era un trasmisor de la cultura entre Europa, las américas y el mundo árabe", dijo en un comunicado Nyssen, quien recordó las décadas de exilio parisino del escritor, fallecido el domingo en Marruecos.

    "Vino a buscar refugio a París durante los años negros del franquismo, se nutrió de amistades sólidas, sobre todo Jean Genet, y desarrolló un estilo totalmente único, imprevisible, muchas veces inspirado en el movimiento francés del 'nouveau roman'", evocó la ministra del Gobierno de Emmanuel Macron.

    Según Nyssen, Goytisolo, que vivió entre los años 50 y los 90 en la calle Poissonnerie de París, era "un hombre de acción, de reflexión y de pasión", de aquellos que representaban "la figura del intelectual comprometido".

    El autor de "Campos de Níjar" y "Paisaje después de la batalla", Premio Cervantes 2014, falleció en la madrugada del domingo a los 86 años en su casa de Marrakech, donde vivía desde 1996.

    La París cosmopolita y canalla, la preferida de Juan Goytisolo

    París, 5 jun (EFE).- La París cosmopolita, la de las diferentes religiones y lenguas procedentes de los cinco continentes, y la París canalla, la de los obreros y las prostitutas, eran las predilectas del fallecido escritor español Juan Goytisolo, que vivió en la capital francesa entre los años 50 y los 90.

    A partir de su apartamento en el número 33 de la céntrica calle Poissonnerie, donde se mudó para huir del franquismo, Goytisolo forjó su particular París, ese París de los bajos fondos que le inspiró para obras como "Señas de identidad" (1966) o "Paisajes después de la batalla" (1982).

    "Lo que le gustaba es la parte cosmopolita de París, la de la mezcolanza de culturas, de religiones, de prácticas culturales, de lenguas, de diferentes rostros", dijo a Efe Emmanuel Le Vagueresse, especialista en la obra de Goytisolo y amigo suyo.

    El escritor frecuentó durante décadas un puñado de restaurantes y cafés castizos situados en el centro y norte de la ciudad, en las antípodas de los locales finos de ostras y champán de la ostentosa parte oeste de París.

    Uno de sus predilectos era el café des Ouiseaux, en la plaza d'Anvers, junto al bohemio Montmartre, al que acudía con sus amigos Jean Genet o Severo Sarduy y cuya heterogénea clientela la formaban prostitutas, obreros e inmigrantes portugueses, entre otros.

    Cerca de Des Ouiseaux el premio Cervantes de 2014 tenía sus incursiones sexuales, especialmente con hombres árabes, relató Le Vagueresse, autor de la ruta literaria parisina del célebre escritor publicada por el Instituto Cervantes.

    Fue su gran amigo Jean Genet, autor de "Diario del ladrón", quien le introdujo en los ambientes homosexuales de la zona de Barbès-Rochechouart.

    "Coqueteaba en el bulevar Rochechouart, en la estación del Norte, con jóvenes inmigrantes, obreros que tenían hijos, pero que eran bisexuales. Esa experiencia le permitió asumirse un poco mejor", refirió Le Vagueresse.

    En la misma zona, acudía con frecuencia al Luxor, un cine art-deco neo-egipcio de los años 20, donde iba tanto a ver películas populares (kárate, filmes indios), como a ligar en busca de sensaciones fuertes con jóvenes árabes del barrio o de los suburbios.

    Y todo ello con el consentimiento de su mujer, la escritora francesa Monique Lange, con quien Goytisolo vivió en la calle Poissonnerie entre 1956 y 1996, año en el que Langue falleció a los 70 años, momento en el que el escritor decidió mudarse a Marrakech (Marruecos), donde falleció este domingo a los 86 años.

    Era también un asiduo a algunos restaurantes, entre ellos el de especialidades turcas Derya, que comenzó a frecuentar en sus regulares visitas a París, una vez establecido en Marrakech.

    "La última vez que le vi fue hace unos ocho meses, o tal vez menos. Era de un carácter excepcional, nada normal para alguien tan importante. Me enteré que era un escritor importante por otros, no por él", explicó a Efe Ulas Eyyup, uno de los gerentes del Derya, ubicado junto al Arco de Saint Denis.

    Según relató Eyyup, Goytisolo sabía expresarse en turco -también lo hacía en árabe- y venía siempre acompañado de un hombre de gran bigote, quien, según Le Vagueresse, se trataba de su compañero Abdelhadi.

    En sus últimas visitas, el escritor español lamentaba que la París canalla que tanto le inspiró se estaba destiñiendo, cada vez menos proletaria e inmigrante y más "bobó", acrónimo para referirse a una clase social joven, burguesa y de hábitos bohemios.

    De su faceta personal era muy celoso, reconoció Le Vagueresse, quien juzgó que la imagen de "duro y distante" de Goytisolo era un espejismo para su familia, con la que era "muy cariñoso".

    El escritor era adorado por sus dos hijos adoptivos, dos chicos marroquíes, y por la hija de su mujer Lange, su hijastra Carole, cuyo suicidio hace un par de años le afectó tanto que fue entonces cuando "se dejó morir", desveló Le Vagueresse.

    A partir de hoy, cuando se consume su entierro en el "cementerio español" de Larache (norte de Marruecos), Goytisolo yacerá junto una de las personas más importantes de su exilio en París, Genet, quien, a pesar de morir en la capital francesa, pidió ser inhumado en Marruecos.

    Antonio Torres del Cerro