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    El Estado Islámico golpea a la prensa en Afganistán

    17 de mayo de 2017

    Kabul, 17 may (EFE).- El Estado Islámico (EI) atacó hoy la sede de la Radio Televisión Nacional de Afganistán (RTA) en la provincia oriental de Nangarhar, donde causó 10 muertos y 24 heridos, una acción que confirma la capacidad operativa del grupo yihadista pese a haber sufrido duros golpes en las últimas semanas.

    Apenas diez días después de que las autoridades afganas anunciasen la muerte del líder del EI en el país, Abdul Hasib, y a un mes de que cayese sobre un refugio del grupo insurgente la denominada "madre todas las bombas", un yihadista se inmoló ante la sede de RTA, abriendo paso a tres de sus compañeros.

    "En el ataque de hoy en el recinto de la televisión estuvieron involucrados cuatro atacantes, el primero -un suicida- hizo detonar los explosivos que portaba en su chaleco a la entrada para permitir a los otros entrar a las instalaciones", explicó a Efe el portavoz del gobernador provincial, Attaullah Khogyanai.

    El asalto se prolongó durante cerca de tres horas, hasta que las fuerzas de seguridad afganas lograron abatir al último insurgente sobre las 13.30, hora local (09.00 GMT).

    A pesar de que la "mayoría" de los empleados del medio fueron evacuados "a tiempo", el comando yihadista pudo acabar con la vida de dos técnicos, un conductor y un guardia de seguridad de RTA, además de infligir dos bajas a las tropas afganas, detalló Khogyanai.

    Antes de morir, los atacantes hirieron también a 24 personas, casi todas civiles, según un comunicado de la oficina del gobernador de Nangarhar.

    El Estado Islámico, que tiene su bastión en esa provincia fronteriza con Pakistán, reivindicó la acción a través de un comunicado difundido por la agencia de noticias Amaq, vinculada a los terroristas.

    El atentado contra la cadena reafirma la presencia de los yihadistas en el país, a pesar de haber perdido a su líder en una operación conjunta de las tropas afganas y estadounidenses el pasado día 27 de abril.

    Al igual que el otro gran golpe al EI de las última semanas, el lanzamiento de una de las bombas más potentes del arsenal convencional de Estados Unidos, la muerte del emir de los insurgentes se produjo en Nangarhar.

    Después de atacar en marzo un hospital militar de Kabul, donde causaron más de 50 muertos, los yihadistas volvieron a cargar hoy contra otro sector que las leyes internacionales defienden como neutro en contextos de conflicto.

    En un comunicado, la ONG defensora de la liberta de prensa Nai señala que "de acuerdo con las leyes de guerra, los ataques a lugares públicos y áreas no militares constituyen un crimen de guerra y, por ello se pide a la comunidad internacional y a las organizaciones de derechos humanos que califiquen así" el ataque de hoy.

    En esta línea, RTA se afana en evitar cambios en su parrilla y mantener su producción a pesar del atentado.

    "La televisión pública es un bien público y este fue un ataque contra la gente del país, continuaremos nuestros servicios para la gente" de Afganistán, defendió el subdirector de la RTA, Muhammad Essa Arya.

    Los medios de comunicación son, sin embargo, objetivos relativamente habituales de la violencia en Afganistán.

    De acuerdo con un informe de Nai, durante el último año se registraron 400 casos de violencia contra periodistas, entre ellos 322 denuncias de amenazas de muerte por parte de los talibanes y 8 asesinatos de reporteros.

    El artefacto estadounidense arrojado el 13 de abril eliminó a 96 miembros del EI, que desde entonces puede haber perdido al menos otros 300 combatientes en varias operaciones desarrolladas por las tropas afganas en la provincia, según fuentes oficiales afganas.

    Estados Unidos se ha marcado como objetivo para 2017 acabar con el EI en Afganistán, donde la OTAN estima que en los últimos dos años se eliminó a la mitad de los yihadistas en activo, mientras Kabul los cifraba hace seis semanas en apenas 400.

    Por Baber Khan Sahel