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    El arte combativo de Weiwei llega a Brasil con su mayor exposición mundial

    20 de octubre de 2018

    Sao Paulo, 20 oct (EFE).- El artista y activista chino Ai Weiwei lleva hasta Brasil su mayor exposición individual, que abre hoy sus puertas al público en Sao Paulo e incorpora por primera vez trabajos realizados con artesanos brasileños para abrir un nuevo capítulo de su obra: la influencia latinoamericana.

    La muestra "Raíz", que estará abierta al público hasta el próximo 20 de enero en el Parque de Ibirapuera, en el corazón de la capital paulista, pretende "revelar las raíces perdidas y evidencias de culturas amenazadas".

    Con trabajos en cerámica, madera, papel y hierro, el creador chino narra a través de sus obras pasajes trágicos de su biografía, como su detención en 2011 tras ser acusado de evasión fiscal.

    Reconocido mundialmente por su lucha contra la represión y la violación de los Derechos Humanos, y su interés por asuntos políticos y sociales como la crisis mundial de los refugiados, Weiwei usa elementos tradicionales chinos, como la pintura en porcelana, para representar estas cuestiones.

    "Weiwei es uno de estos raros artistas que tienen un reconocimiento trasnacional y al mismo tempo extrapola el arte y entra en la cultura pop, donde las personas ya se relacionan por su activismo y su acción en las redes sociales", subrayó a Efe Marcello Dantas, el comisario de la exposición.

    Dantas ha estado en contacto con el artista chino desde 2010, cuando surgió la idea de la muestra, que clasifica como una "mirada a banderas latentes".

    "Weiwei es un artista de contenido político fuerte y por eso no tiene como no ser incluido en la discusión política actual de Brasil, ya que habla sobre libertad de expresión, refugiados, derechos humanos", dijo.

    Una balsa hinchable con muñecos que representan refugiados es una de las piezas más impactantes de la exposición. Lleva el nombre de "Odisea", en referencia al desafío que suponen las travesías por el mar y la búsqueda de abrigo.

    Cámaras de vigilancia, esposas y barras de hierro también evocan la lucha de Ai Weiwei contra el Estado chino tras el terremoto de Sichuan, en 2008, y sus denuncias exigiendo transparencia al gobierno sobre las muertes de estudiantes.

    Para representar esa tragedia, Weiwei montó una instalación de 164 toneladas de hierro rescatado de los escombros del terremoto tras investigar y descubrir que 5.000 niños murieran en el accidente.

    La obra "Straight" es una de las más imponentes entre el total de 70 y fue parcialmente exhibida al público por primera vez en la Bienal de Arte de Venecia, en 2013, pero solo ahora podrá ser contemplada en su plenitud.

    "Semilla de girasol" es otra creación calificada por Dantas como "imperdible". Tiene 357 metros cuadrados y consiste en millones de semillas confeccionadas en porcelana y pintadas a mano por 1600 artesanas durante dos años para representar su preocupación por los derechos humanos.

    El artista también se posicionó como un amante de Brasil y en este sentido, se reunió con artesanos de la ciudad de Juazeiro do Norte, en el estado de Ceará, situado en la empobrecida región nordeste del país, para producir 24 piezas inéditas.

    Entre ellas hay una serie de 200 esculturas, resultado de una combinación de la personalidad artística de Weiwei con los "ex-votos", una regalo religioso típico del nordeste brasileño, esculpido en madera y ofrecido en agradecimiento al santo de devoción por un deseo realizado.

    Las miniaturas subvierten el sentido religioso de los ex-votos y llaman la atención por replicar, por ejemplo, el dedo del medio de Weiwei haciendo un gesto obsceno, que es además una marca distintiva del artista asiático.

    "Tierra de Raíces" es otra serie compuesta por 17 árboles y troncos y fue producida en Brasil para Weiwei entender mejor la cultura del país sudamericano.

    Alrededor está un conjunto de piezas de coro denominadas "Marcas" con citaciones sobre el poder y la raza en alusión a la práctica de herrar el ganado y los antiguos esclavos en Brasil.

    La exposición tuvo un costo de producción de 10 millones de reales (unos 2,7 millones de dólares).