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    Una ventana al Panamá de 1970 a través del lente de Graciela Iturbide

    23 de septiembre de 2018

    Panamá, 23 sep (EFE).- Imágenes en blanco y negro de zonas populares y habitantes de la Ciudad de Panamá en la década de 1970 han abierto una ventana al pasado de la mano de Graciela Iturbide, fotógrafa mexicana que prefiere trabajar con el formato analógico y que despertó la fascinación del público en la inauguración de su exposición.

    Son 40 fotos de configuración pequeña que se exhiben en el Centro Cultural de España-Casa del Soldado, en el Casco Antiguo de la capital, que se ambientan y recogen escenas del Panamá de la década de 1970, cuando estaba joven la denominada "Revolución octubrina", de corte social, del general Omar Torrijos (1929-1981), su amigo.

    Son imágenes en blanco y negro, las primeras de sus trabajos como fotógrafa, encuadradas en escenarios de comunidades populares como Curundú, el Marañón y el Chorrillo, en la capital, que sobreviven ante el empuje inmobiliario que cambia el perfil de la ciudad.

    Este conjunto de fotografías fue seleccionado por los curadores de la muestra Walo Araújo y Mónica Kupfer.

    Con la misma sencillez y naturalidad con las que obtuvo las tomas de niños y adultos de estos barrios, incluso de Torrijos, Iturbide (1942) también se trasladó a zonas rurales e indígenas panameñas en las que retrató la forma de vida de estas comunidades.

    Hay fotografías de infantes de las que se cuelgan las miradas del público: impactan por su alto nivel de espontaneidad pues no filtran ningún tipo de encuadre frío ni distante.

    Iturbide es la primera mexicana en recibir en 2008 el prestigioso Premio Internacional de la Fundación Hasselblad por su notable labor en la fotografía.

    La artista dijo en una entrevista con Efe que le "emociona mucho" esta primera exposición en Panamá tras más de 40 años de haber conocido este país, que, indicó, lo encuentra bastante cambiado en esta su quinta visita (1974, 1975, 1977 y 1982).

    "Me emociona mucho, pero veo un Panamá totalmente diferente del que conocí", aunque aún así lo sigue "queriendo" afirmó, y recordó que además de Torrijos también ha recorrido el país de la mano de la reconocida fotógrafa panameña Sandra Eleta.

    Adelantó que contempla donar aquí este trabajo, tal como anunció este jueves en la inauguración de la muestra.

    Aún así, Iturbide no quiso validar completamente la evidente calidad de esta muestra, y señaló que "no es mi buen trabajo" pero que al menos "fue hecho con el corazón".

    Confesó además que sigue realizando su obra en formato analógico y que nunca ha tomado una foto en digital, a pesar de que ha visto "buenos trabajos" en esta modalidad, y que en sus tomas juega un papel muy importante "la sorpresa y la emoción".

    La artista afirmó que todo el mundo tiene derecho a tomar fotos "como quiera", según sea el resultado.

    "Tomo analógico todavía, porque tengo este ritual de revelar un rollo, de cortarlo muchas veces, pegarlos, ver en que caja van, pero creo que todo es válido, hasta las fotos con el teléfono" móvil, y reconoció que existen algunos fotógrafos digitales famosos.

    Reiteró en ese sentido que "ni siquiera sé tomar con celular" porque está acostumbrada a lo analógico que para ella es como un "ritual", y que siempre ha tenido el consentimiento de las personas que retrata y nunca les ha birlado una foto sin su aprobación.

    "Me gusta estar (fotos) con mi cámara y tener una complicidad con la gente, que siempre ha sido como lo más ético, y si veo que alguien que por alguna cosa no quiere, no tomo la foto".

    Aún así, frente a la disyuntiva de escoger entre lo analógico o lo digital insistió que lo importante es el resultado: "se tome con lo que se tome, hasta con una camarita de cartón".

    La artista sigue trabajando, sobre todo paisajes y aves, y ahora mismo tiene una muestra en el Palacio de Cultura Banamex en México, y otra en el Museo de Arte Moderno de Boston con fotos "vintage" de época.

    Gaciela Iturbide ha documentado con su cámara la población indígena de su país, en particular el pueblo Seri en el desierto de Sonora al noroeste de México, y el de Juchitán que forma parte de la cultura zapoteca en Oaxaca, en el sureste mexicano.

    Además del Hasselblad, ha recibido el International Grand Prize, Hokkaido, Japón,1990; el premio Rencontres Internationales de la Photographie, Arles, 1991; el Premio Nacional de Ciencias y Artes, Ciudad de México, 2008; el Doctor honoris causa en Fotografía por el Columbia College Chicago en 2008; y el Doctor honoris causa en Artes por el San Francisco Art Institute, en 2009.