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    En Grecia los cines son para el verano

    18 de agosto de 2018

    Atenas, 18 ago (EFE).- En los veranos de los años 60 prácticamente cada vecino de Atenas tenía una silla frente a una pantalla en la que se proyectaban los ahora clásicos de Hollywood. En la ciudad había mas de 600 cines de verano, de los que aún sobrevive más de un centenar.

    Dependiendo del tiempo, estos oasis que se reparten en los barrios y centro de la ciudad abren desde mayo hasta octubre y ofrecen opciones de todo tipo, desde los últimos estrenos hasta las películas en blanco y negro más difíciles de encontrar.

    La película del verano este año en Grecia es "Mamma Mia: una y otra vez", la secuela de la versión cinematográfica del popular musical de ABBA, que se desarrolla en la imaginaria isla griega de Kalokairi ("verano" en griego).

    Durante varias semanas los cines de verano de la capital helena han servido a la par de karaoke para atenienses y turistas, que disfrutaron del clásico ritual de las noches de cine al aire libre de una forma diferente, dando palmas y cantando a pleno pulmón.

    Mijalis Maniakis, gerente y proyeccionista del Cine Thissio, cuenta a Efe que, aunque ha crecido en este cine, es la primera vez que ve al público así.

    El Cine Thissio lleva ofreciendo películas con vistas a la Acrópolis desde 1935, aunque la familia Maniakis lo maneja desde principios de los ochenta. Mijalis ha estado al frente durante los últimos diez años, extremadamente complicados para la economía local.

    "Nosotros no hemos tenido demasiados problemas porque somos una tradición. Cuando llega el buen tiempo todos los griegos van al cine de verano. Es la forma de escapar de los problemas del día a día. Vienen, toman una cerveza fría bajo el cielo y olvidan todo lo demás", explica.

    Como tantas cosas en Grecia, los cines tienen un aire de resistencia al paso del tiempo y a lo comercial, aquí no sólo se disfruta de una o dos películas sino del ritual y el ambiente, del olor a jazmín mezclado con palomitas. Poco importa la falta de aire acondicionado.

    "No tenemos que ser víctimas del capitalismo, ir a los centros comerciales y apoyar a las grandes firmas, porque el significado de la cinematografía está en los lugares individuales como este", defiende Mijalis.

    Entre el público, a punto de sumergirse en "Mamma Mia", hay dos hermanos de la ciudad española de Cádiz, Miriam y Jorge, que lamentan que en su urbe ya no queden cines al aire libre.

    "Cines hay en todos lados pero como este, con estas vistas, no hay ninguno", dice a Efe Jorge.

    Aquellos cinéfilos acérrimos que quieran completar el viaje nostálgico hacia el cine clásico pueden ir al cine Zefiros, en Petralona, un barrio residencial en la ladera del Filopapo o Colina de las Musas, tranquilo a pesar de su proximidad al centro histórico.

    Allí se encuentra un edificio granate con un telón rojo tras el cual se esconde un pequeño y alternativo cine de verano en un patio rodeado de edificios bajos, que permiten que la brisa veraniega refresque a aquellos que se decantan por esta opción.

    Abierto por primera vez en 1945, Zefiros ha dedicado el último mes a proyectar clásicos italianos como "Ayer, hoy y mañana" (1963) y "Matrimonio a la italiana" (1964), ambas dirigidas por Vittorio de Sica, o "Teorema" (1968) de Pier Paolo Pasolini.

    Eso sí, en Grecia casi todas las películas se ven en versión original con subtítulos en griego, algo a tener en cuenta antes de entrar a una de estas salas pero que también favorece que los forasteros las disfruten.

    Aquellos que busquen una velada más exclusiva deben visitar el cine Aegli, que gracias a su posición privilegiada, en pleno Jardín nacional de Atenas, permite ver una película en la pantalla grande sin molestias a menos de diez minutos de la plaza Síntagma.

    Se trata probablemente de uno de los cines de verano más antiguos del país, su primera proyección fue en 1903, pero desde entonces ha cambiado mucho.

    Además de las clásicas palomitas, en este cine se puede disfrutar de una típica cena griega en el patio de butacas y, si se prefiere algo más privado, hay un reservado en el que hasta seis personas pueden ver la película y cenar sin preocuparse por quién se sienta delante por 20 euros cada uno.

    Ana Mora Segura