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    Merzouki reivindica la fusión de culturas un año después de los atentados del 17A

    17 de agosto de 2018

    Peralada (Girona), 17 ago (EFE).- El coreógrafo francés Mourad Merzouki, uno de los mayores talentos de la danza en Europa, ha reivindicado en la clausura del Festival de Peralada la fusión de culturas que integra la sociedad actual un año después de los atentados de Barcelona y Cambrils.

    Merzouki proviene del extrarradio de Lyon y es un vivo ejemplo de esos jóvenes de ascendencia en su caso argelina pero europeos de pleno derecho que tienen que averiguar en un entorno inestable su papel en el mundo en que les ha tocado vivir.

    El francés ha mostrado en un momento especialmente emotivo por la fecha señalada todo el potencial que atesora esa generación que se extiende por ciudades de todo el mundo y también ha invitado a indagar en las posibilidades que ofrece la fusión de culturas entre países y entre lo antiguo y lo moderno.

    Mourad Merzouki ha sido el encargado de clausurar la 32 edición del Festival de Peralada con su última creación y, con todo ese mensaje detrás, ha presentado 'Folia', una innovadora propuesta con una combinación de estilos que roza la locura.

    La mente de Merzouki ha sido capaz de concebir a una orquesta de música barroca que comparte escenario con bailarines de hip hop, la danza urbana en la que se formó este director de escena.

    Fruto de la emigración que llegó a Francia procedente del Magreb, a este lionés le afecta todo lo que pasa en los barrios marginales de ciudades como la suya y ha ideado una coreografía que apela a ese cóctel de orígenes mediterráneos.

    Mourad Merzouki pone a la misma altura a una orquesta barroca como la Concert de l'Hostel Dieu y a esos bailarines de la calle que giran sobre sus cabezas.

    A ambos elementos, Merzouki los envuelve de una atmósfera onírica y les regala aportaciones escénicas para que brillen y dejen sin palabras al espectador.

    Así, los músicos tienen el complemento de una soprano, Heather Newhouse, que canta desde lugares inverosímiles, mientras que los bailarines llegan a realizar sus acrobacias sobre un colchón hinchable que les permite realizar piruetas sobrehumanas.

    Y aún hay más, porque la danza clásica tiene también cabida sobre el escenario, pero nunca de forma aislada, si no que Mourad Merzouki quiere dejar claro que todas esas variantes de la creación artística conviven en el mundo actual, en las ciudades de este siglo XXI, y que ninguna es más que otra, sino que todas confirman un mismo mosaico.

    Pero Merzouki aún quería más y, en Peralada, se han interpretado también tarantelas italianas y, como postre, un derviche turco que desata y a su vez da sentido a toda esa locura salida de la mente del coreógrafo francés.

    Los giros del bailarín son el éxtasis final de esa armonía de pueblos y de un público que ha podido paladear la última joya de alguien decidido a revolucionar la danza y darle un nuevo giro para irrumpir de lleno en algo nuevo que incorpora sin pudor muchísimo del teatro, del audiovisual y de las 'performances' más vanguardistas.

    El mismo día en que se cumplía el primer aniversario de los atentados de Barcelona y Cambrils, Merzouki ha querido lanzar un grito en favor de la aceptación y fusión de culturas en occidente y explicar desde el arte que, en esos barrios donde residen los recién llegados, hoy ya ciudadanos de pleno derecho de esos países, también hay mucho talento y humanidad por aflorar.

    El cubano Carlos Acosta salió al escenario con el ánimo hecho público desde el festival de que el arte puede ser expresión de solidaridad y, 365 días después, Mourad Merzouki ha sido protagonista para luchar contra quienes señalan a todos por una minoría y mostrar lo que pueden aportar mucho si se les da la oportunidad de sumar.

    David Álvarez