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    Reabre el Museo Nacional de Ecuador bajo un nuevo concepto de vanguardia

    17 de mayo de 2018

    Quito, 17 may (EFE).- El Museo Nacional de Ecuador abre sus puertas tras permanecer cerrado desde 2015, transformado en un espacio de vanguardia, donde piezas patrimoniales dialogan con obras contemporáneas en un entorno tecnológico que enmarca su disposición.

    "Es el principal de Ecuador y presidirá la red ecuatoriana de museos. Estamos cumpliendo con esta demanda ciudadana con mucha responsabilidad", explicó a Efe Ivette Celi, subsecretaria de Memoria Social del Ministerio de Cultura, un día antes de su inauguración oficial este viernes.

    El recinto fue clausurado en noviembre de 2015 para albergar la Cumbre del Hábitat y desde entonces había quedado inutilizado a pesar de que se programaron planes para reabrirlo.

    La responsable, que ha supervisado desde junio del año pasado el proyecto de reapertura, explica que los mismos 5.000 metros cuadrados de espacio de la anterior sede, ubicada en el complejo Casa de la Cultura, seguirán acogiendo la exhibición permanente y sus salas temporales.

    "Tiene 1.000 bienes patrimoniales -de los 650.000 del Estado- y la inversión es de aproximadamente 1.480.000 dólares", precisó.

    El nuevo concepto museístico engloba varios ejes transversales y deja atrás el recorrido cronológico propio del siglo pasado.

    Parte de una gran sala coronada por una pantalla circular de proyección dual que presentará los principales atractivos de este recinto que abre al público este sábado.

    El MuNa, como se lo conoce popularmente, está dividido en tres plantas y la exhibición tiene dos ejes temáticos: Poder político y organización social y Territorio, economía y trabajo.

    Además, cuenta con espacios temporales con exhibiciones sobre Amazonía ecuatoriana, Paisajes Sonoros -para explicar cómo la música y la danza contribuyen a la construcción nacional-, y un área lúdica en la que los más pequeños podrán tocar e interactuar con las obras.

    A lo largo de la exhibición pasado y presente van de la mano, y así, en el primer eje dedicado a las relaciones humanas a partir de los procesos históricos, una Virgen de la Leche del período colonial aparece enfrentada con una obra contemporánea sobre trabajadoras sexuales del Valle del Chota, en la sierra andina, que el visitante puede descubrir abriendo unas cajoneras.

    Otra interesante propuesta es contemplar a la Venus de La Tolita, un óleo contemporáneo, custodiando varias esculturas de la cultura originaria Jama Coaque, (350 a.C.-1532 d.C.), que reflejan los roles diferenciados de hombres (chamanes) y mujeres (madres).

    El espectador puede asimismo contemplar un cuadro del referente ecuatoriano Jaime Zapata, El Aludido (1988), junto a una talla de influencia española del siglo XVIII sobre Adán y Eva, o cómo en la época de la República el idealismo y muralismo dominan la escena artística en la región junto a movimientos como el "indianismo", con el emblemático cuadro "Llegada a América" de Camilo Egas de 1923.

    Tesoros patrimoniales como una cruz de oro y esmeraldas, la Virgen de Quito o la Divina Pastora, ambas de Bernardo Legarda, integran la muestra, a la que se sumaron por primera vez dos obras de Vicente Albán prestadas por el Museo de América de Madrid.

    "Estos cuadros vienen luego de 235 años al país y fueron pintados para la Corona española desde la Real Audiencia de Quito", detalló Celi.

    Tituladas "India en traje de Gala" e "Indio principal de Quito con traje de Gala", las pinturas forman parte de una serie con las que el autor retrató "de forma idealizada" la flora, fauna, costumbres del territorio y vestimenta de los personajes de la colonia española, explicó la responsable.

    Una sala dedicada al oro, plata y cobre y que ahonda en el proceso de compra y venta de las colecciones más importantes del país andino, así como estudios arqueológicos y metalúrgicos, alberga la pieza "Sol de Oro", una máscara ritual considerada insignia nacional.

    Una pantalla en una sala aledaña muestra cómo fue encontrada por el coleccionista suizo Max Konanz cuando la compró en 1930 en Chunucari, en los andes meridionales: era un amasijo de filamentos dorados con forma de pelota que posteriormente logró abrir con la ayuda de su mujer para descubrir la cara del sol.

    "Es un emblema del país, icono del Banco Central del Ecuador y del (antiguo) Sucre", recuerda la curadora junto a la dorada pieza, joya de la corona del nuevo museo ecuatoriano.